Lo que merece ser contado

Volvió a la cartelera del Cine Universidad (hasta hoy) un documental que es cita imprescindible. Se llama “La sal de la tierra”, está dirigido por Wim Wenders, y es un tránsito por la obra del fotoperiodista y artista brasileño Sebastião Salgado.

No es sólo la belleza conmocionante de las imágenes la que hace a esta película una obra ineludible. Lo es también su “discurso”. En el documental se nos devela la vida de Salgado, obsesionado por contarnos las monstruosidades que el hombre deja a su paso. Pero también hay en la película una propuesta casi filosófica: un llamado a la conciencia, una luz de alarma que invita a revisar nuestra vida privada y también la social.

El film es inspirador, necesario, apabullante -por su belleza pero también por su dramatismo-, estimulante, abrumador, un elocuente alegato político, histórico y social.

Desde el periodismo, oficio que practicamos en estas páginas, la monumental obra de Salgado (transitando las hambrunas del África, la India, las estepas siberianas, las fiebres mineras de Brasil, las guerras impiadosas del Oriente Medio y más) nos activa el recuerdo de un gran maestro de la crónica narrativa: el polaco Ryszard Kapuscinski, que dedicó su vida entera a contarnos cómo es África; su libro, “Ébano”, es un ejemplo estupendo de esa prosa cruda y precisa.

Salgado, Kapuscinski, García Márquez, Walsh, la reciente Premio Nobel de Literatura -Svetlana Alexievich-… Hoy también los hay. Son cronistas que eligieron esos caminos de conexión con sus lectores (Josefina Licitra, Federico Bianchini, desde Buenos Aires; Enrique Pfaab, Rolando López, en Mendoza y más); sostienen una de las formas más “nobles” de nuestro ejercicio profesional, hoy bastardeado, reducido casi a la nada viciosa que es la operación de prensa o el “título gancho”.

Esta semana se publicó una crónica con mi firma -en Revista Anfibia- sobre la historia de militancia en el teatro y los Derechos Humanos de la actriz mendocina Mariú Carrera.

Ésa fue, para quien esto escribe, una constatación personal pero también de alcance colectivo: esta película de Wenders, estos cronistas -que arremeten contra la voraz máquina del sin sentido para construir sentido- constituyen la resistencia de un periodismo que se niega a declararse derrotado.

Porque, al fin de cuentas, ¿qué implica este oficio sino el deber de narrar a otros lo que se ve de cerca? Dice el colombiano Alberto Salcedo Ramos: “La crónica es un género que empieza con la suela de los zapatos”.

Quizás ha llegado el momento de salir de las redacciones y gastar esas suelas de una buena vez, para contar a los mendocinos esas historias que encontramos casi como milagros: la de esa guerrera que es Mariú Carrera, la de muchos otros, que dan vida (o espanto) a la Tierra que habitamos.

Fuente: Diario Los Andes

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