“The Master”: el hombre que está solo y espera, según el gran Paul Thomas Anderson


Un hombre que está perdido. Perdido en sí mismo, perdido en el mundo, abandonado de sí y de los otros. Un hombre que está maltrecho, por dentro y por fuera. Un hombre que se busca y, quizás –o quizás no-, se encuentra en la imagen de otro a quien admira. Como sea, en “The master” el mundo y sus certezas son sólo un estado en disolución; la familia, sea cual sea, apenas un salvataje transitorio; el vacío un abismo que amenaza hasta la muerte. Así de triste, melancólico, inestable e inquietante es este film del insoslayable Paul Thomas Anderson.

Evaluar a “The Master” como producto fílmico es adentrarse en un territorio tan complejo como el material con el que está hecho (y que requiere mucho más que estas pocas líneas). Es que este film es completamente desconcertante. No sólo porque su trama (un hombre a la deriva que encuentra en su camino a un guía espiritual, líder de una secta mística) parece querer zafarse de la línea narrativa que la rige, sino porque su extraordinaria puesta en escena, sus perfectos encuadres, luces, banda sonora y actuaciones (Phoenix y Hoffman entregan dos de las mejores interpretaciones que hemos visto en mucho tiempo) simulan, por momentos, ser excesivos.

“The master” es todo eso pero, a la vez, es una experiencia incómoda (a veces brutal, a veces altamente sutil; y siempre de la mano del sexo). Parece desigual, larga a veces y corta otras. ¿Falencias del guión? De ninguna manera: el director busca ese efecto porque, como en toda su filmografía, “The master” es un plan claramente urdido de planos, secuencias y atmósferas; de ahí la imposición de una distancia al espectador que –de no estar advertido- puede emprender la fuga emocional respecto de sus profundos planteos. Y tan mental es su montaje que se nos ofrece geométrica, bipartida como en espejo: el discípulo / el maestro. Pero ambas facetas de esa mirada se interconectan en una lógica mágica, mística y también psicoanalítica (no en vano su tiempo y época son la posguerra, años ’50, apogeo del puritanismo estadounidense).

La película tiene momentos de tal lirismo que emociona. Y tiene otros de tal crudeza que espanta. Nunca es amable, ni apacible, ni “entretenida” –según los dictados del mainstream-. No: “The master” es una gran película, tan musical como los otros opus de este director; sólo que en este caso la índole atonal se impone a cualquier melodía.

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